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Hace 2000 años, Alexandría era la mayor ciudad que el mundo occidental había
visto jamás. Gente de todas las naciones llegaban para vivir, comerciar y
aprender. Era una ciudad donde griegos, egipcios, árabes, sirios, hebreos,
persas, nubios, fenicios, italianos, galos e íberios intercambiaban mercancias e
ideas. Desde la época de su creación en el siglo tercero a. de C. hasta su
destrucción siete siglos más tarde, fue el cerebro y el corazón del mundo
antiguo.
Alexandría era la capital editorial del planeta. La Biblioteca era
depositaria de las copias más exactas del mundo. En su época de máximo esplendor
contenía más de medio millón de volúmenes.
Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿Qué impidió que
arraigaran y florecieran? ¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante
mil años de tinieblas hasta que Colón, Copérnico y sus contemporáneos
redescubrieron la obra hecha en Alexandría?
El último científico que trabajó en la Biblioteca de Alexandría fue una
matemática, astrónoma, física y jefe de la escuela neoplatónica de filosofía...su
nombre era Hipatía. Todas las historias dicen que era una gran belleza. Cirilo,
el arzobispo de Alexandría, la despreciaba por la estrecha amistad que ella
mantenía con el gobernador romano y porque era un símbolo de cultura y de
ciencia, que la primitiva Iglesia identificaba en gran parte con el paganismo.
En el año de 415, Hipatía cayó en manos de una turba fanática de feligreses de Cirilo. La
arrancaron de su carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas
marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron
quemados, sus obras destruidas, su nombre olvidado. Cirilo fue proclamado
santo...
Carl Sagan
Cosmos, 1980
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